Mi proceso creativo
Mi trabajo nace de una pregunta sencilla: cómo se forman las cosas antes de tener un nombre.
A través de la pintura, construyo espacios que no representan lugares concretos, pero que resultan extrañamente familiares. Son territorios en transformación, estructuras que aparecen y se desvanecen, atmósferas donde la materia parece estar viva.
El proceso creativo comienza siempre en lo físico. Trabajo con acrílico y tinta sobre papel o lienzo, generando composiciones donde el gesto, la textura y la imperfección tienen un papel esencial. Estas piezas iniciales no son el resultado final, sino el punto de partida.
Posteriormente, las obras son digitalizadas y sometidas a un proceso de reinterpretación en el que ajusto el color y la atmósfera. Este diálogo entre lo manual y lo digital me permite expandir la imagen más allá de sus límites iniciales y llevarla hacia una mayor precisión visual.
La obra final no es la pintura original, sino su transformación: una imagen construida a partir de ese proceso híbrido, pensada específicamente para ser reproducida como impresión.
En estas piezas conviven lo orgánico y lo estructural, lo natural y lo construido. A veces aparecen paisajes que podrían habitarse; otras, sistemas más abstractos que sugieren cómo se organiza lo invisible. En ambos casos, me interesa ese momento en el que algo empieza a tomar forma, pero todavía no está completamente definido.
Más que representar el mundo tal como es, mi trabajo propone espacios abiertos donde cada espectador puede proyectar su propia experiencia. No se trata solo de mirar, sino de entrar, recorrer y detenerse.
Cada obra es, en esencia, una invitación a habitar lo que aún no tiene nombre.
Alejandro Pereira