Sobre mí

Mi proceso creativo

 

Mi trabajo nace de una pregunta sencilla: cómo se forman las cosas antes de tener un nombre.

A través de la pintura, construyo espacios que no representan lugares concretos, pero que resultan extrañamente familiares. Son territorios en transformación, estructuras que aparecen y se desvanecen, atmósferas donde la materia parece estar viva.

El proceso creativo comienza siempre en lo físico. Trabajo con acrílico y tinta sobre papel o lienzo, generando composiciones donde el gesto, la textura y la imperfección tienen un papel esencial. Estas piezas iniciales no son el resultado final, sino el punto de partida.

Posteriormente, las obras son digitalizadas y sometidas a un proceso de reinterpretación en el que ajusto el color y la atmósfera. Este diálogo entre lo manual y lo digital me permite expandir la imagen más allá de sus límites iniciales y llevarla hacia una mayor precisión visual.

La obra final no es la pintura original, sino su transformación: una imagen construida a partir de ese proceso híbrido, pensada específicamente para ser reproducida como impresión.

En estas piezas conviven lo orgánico y lo estructural, lo natural y lo construido. A veces aparecen paisajes que podrían habitarse; otras, sistemas más abstractos que sugieren cómo se organiza lo invisible. En ambos casos, me interesa ese momento en el que algo empieza a tomar forma, pero todavía no está completamente definido.

Más que representar el mundo tal como es, mi trabajo propone espacios abiertos donde cada espectador puede proyectar su propia experiencia. No se trata solo de mirar, sino de entrar, recorrer y detenerse.

Cada obra es, en esencia, una invitación a habitar lo que aún no tiene nombre.

Alejandro Pereira

 

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Sobre mí

 

Desde pequeño ya pintaba.
En las paredes de mi habitación o en cualquier sitio donde pudiera representar algo.

Pero más allá de eso, siempre he tenido la necesidad de transformar el espacio.
De cambiarlo, de moverlo, de hacerlo mío.

Durante muchos años me obsesionó transformar mi espacio y embellecerlo, recolocaba los muebles, cambiaba los colores de las paredes, probaba cosas nuevas…
y me cansaba rápido, para volver a empezar una y otra vez.

Sin saberlo, ya estaba buscando algo.

                                                 .  .  .

En clase de plástica destacaba sin esfuerzo.
Pero durante mucho tiempo no pensé que eso pudiera convertirse en algo más.

No lo veía como un camino real.

Con los años, esa parte se quedó en segundo plano.

Durante un tiempo me moví hacia lo visual desde otro lugar.
Fui fotógrafo, y aunque disfrutaba en el set de fotografía, me di cuenta de que lo que realmente me atrapaba era el proceso de edición, que al final no deja de ser una manera de pintar.

Ahí sí sentía que estaba construyendo algo.

También probé con la edición de vídeo y diseño 3D.
Montar, dar forma y movimiento a una idea… todo eso me llenaba.

Pero siempre había una distancia.

No podía intervenir en el momento con la misma libertad.
No podía decidirlo todo al instante.

En el papel es distinto.

Ahí todo ocurre a la vez.
Puedes trazar una línea y decidir su recorrido en ese mismo momento.
Puedes construir la composición mientras sucede.


Desde ese niño que se pasaba las tardes pintando tanto símbolos como paisajes en óleo en las paredes de su habitación pasaron más de 30 años hasta que en el verano de 2025, después de leer El camino del artista, empecé a dibujar de nuevo con pasión y constancia.
Sin buscar un resultado concreto, pero sin poder parar.

Y ahí apareció algo nuevo:
un lenguaje propio.

Empecé a entender la línea como un recorrido, como algo que se mueve, que atraviesa, que conecta.
Que construye dentro de la imagen.

Desde entonces, todo gira en torno a esa idea.


Mi trabajo es abstracto, pero no lo siento vacío.

Más allá de lo meramente decorativo, en cada obra hay una intención de fondo:
crear espacios que se puedan recorrer, interpretar, imaginar.

Que cada persona vea algo distinto,
pero que sienta que hay algo ahí.

Sigo trabajando desde ese mismo impulso inicial.
El de alguien que siempre ha necesitado transformar lo que le rodea,
y que ahora lo hace a través de la pintura.

Todavía no tengo todas las respuestas.
Pero sé que tengo que seguir pintando.

 

Dedicado a mi madre y a mi perrita Ramona donde quiera que estén, al niño que siempre fuí y al que todos llevamos dentro.